El guardián de los sueños perdidos

En un pequeño pueblo encantado, donde los sueños de los niños cobran vida, vivía un guardián muy especial llamado Lucas. Lucas era el encargado de cuidar los sueños de los niños después de que estos se quedaran dormidos, velando para que ningún sueño se perdiera en la inmensidad de la noche.

Una noche, mientras Lucas preparaba su ronda diaria por el pueblo, se dio cuenta de que algo extraño estaba sucediendo. Los sueños parecían desvanecerse antes de tiempo, dejando a los niños despiertos y tristes al no poder disfrutar de sus fantasías nocturnas.

Preocupado, Lucas decidió investigar la causa de aquel misterioso fenómeno. Recorrió cada rincón del pueblo, preguntando a los sueños y a los astros que alumbraban la noche, pero nadie parecía tener respuestas.

Finalmente, Lucas decidió consultar al sabio búho de la colina. El búho, con sus grandes ojos sabios, escuchó atentamente el problema de Lucas y le dijo: ‘Para resolver este enigma, debes viajar al Reino de las Sombras, donde se ocultan los sueños perdidos’.

Sin dudarlo, Lucas emprendió un viaje hacia el misterioso Reino de las Sombras. El camino estaba lleno de peligros y obstáculos, pero con valentía y determinación, nuestro guardián logró llegar a su destino.

Una vez allí, se encontró con la Reina de las Sombras, una figura enigmática envuelta en un manto oscuro. ‘¿Qué buscas en mi reino, guardián de los sueños perdidos?’ -preguntó la Reina con voz escalofriante.

Con respeto, Lucas explicó la situación que aquejaba a los niños del pueblo encantado. La Reina de las Sombras escuchó atentamente y, movida por la compasión, reveló la verdad detrás de los sueños perdidos.

Resulta que un travieso duende había robado el brillo de los sueños para intentar iluminar su camino en la oscuridad eterna. Sin embargo, al hacerlo, había debilitado el poder de los sueños, haciéndolos desvanecer antes de tiempo.

Con determinación, Lucas enfrentó al duende y, con palabras de bondad y sabiduría, logró convencerlo de devolver lo que había tomado. El duende, con pesar en su corazón, devolvió el brillo de los sueños, permitiendo que volvieran a brillar con fuerza en la noche.

Los niños del pueblo encantado, al despertar, sintieron una alegría indescriptible al ver cómo sus sueños volvían a cobrar vida y color. Agradecidos, se reunieron alrededor de Lucas para expresarle su gratitud por cuidar de sus sueños y proteger su descanso nocturno.

Desde entonces, Lucas se convirtió en el guardián más querido y respetado del pueblo encantado, velando no solo por los sueños de los niños, sino también por la magia y la alegría que habitaban en cada uno de ellos.


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