Érase una vez un pequeño astronauta llamado Iván, que viajaba por el espacio en busca de planetas por explorar. Un día, su nave espacial aterrizó en un planeta muy peculiar, el planeta burbuja.
Todo en ese planeta estaba hecho de burbujas de colores. Los árboles, las casas e incluso los habitantes del planeta eran burbujas que flotaban en el aire. Iván salió de su nave con asombro y comenzó a explorar.
Pronto se encontró con Burbujito, el habitante más pequeño y simpático del planeta burbuja. Burbujito le dio la bienvenida a Iván y juntos emprendieron un recorrido por el fascinante planeta.
De repente, escucharon un llanto. Era la Princesa Burbuja, que había perdido su corona y no podía encontrarla entre tantas burbujas de colores. Iván se acercó a la princesa y le ofreció su ayuda.
‘No te preocupes, Princesa Burbuja. ¡Juntos encontraremos tu corona!’ -dijo Iván con determinación. Y comenzaron a buscar por todos lados, buscando entre las burbujas brillantes y flotantes.
Después de un rato, Burbujito tuvo una brillante idea. ‘¡Ya sé! Si lanzamos burbujas de diferentes colores al aire, la corona brillará y la podremos encontrar más fácilmente.’ Así que todos juntos comenzaron a lanzar burbujas al aire, creando un arco iris de colores.
Y, efectivamente, la corona de la Princesa Burbuja brilló entre todas las burbujas y pudieron encontrarla. La princesa estaba tan agradecida que decidió nombrar a Iván como miembro honorario del planeta burbuja.
Y así, Iván se convirtió en un héroe en el planeta burbuja, donde las burbujas brillaban más que nunca y la amistad entre planetas duraría para siempre.
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