Fluffy, el monstruo que coleccionaba abrazos

Érase una vez en un bosque encantado, vivía un monstruo muy especial llamado Fluffy. A diferencia de los demás monstruos, a Fluffy no le gustaba asustar a las personas, ¡todo lo contrario! Lo que a él realmente le gustaba era abrazar a todo el mundo.

Fluffy era un monstruo peludo, de color rosa brillante y con grandes ojos amarillos que brillaban como dos luciérnagas. Siempre estaba dando vueltas por el bosque en busca de alguien a quien abrazar. Pero un día, se dio cuenta de que la gente tenía miedo de él y huía en cuanto lo veía.

Esto entristeció mucho a Fluffy, quien consultó con la sabia lechuza del bosque, Doña Sabiduría, en busca de consejo. La lechuza, con su sabiduría infinita, le dijo a Fluffy que debía demostrar a todos que él era un monstruo diferente, que su misión en la vida era repartir amor y cariño a través de sus abrazos.

Decidido a demostrar su bondad, Fluffy comenzó a recorrer el bosque en busca de personas dispuestas a darle una oportunidad. Pero todos huían de él, asustados por su aspecto de monstruo. Fluffy no se dio por vencido y siguió adelante, hasta que un día encontró a un conejito muy triste sentado bajo un árbol.

Fluffy se acercó despacio y con voz suave le preguntó: «¿Por qué estás tan triste, amigo conejito?» El conejito, sorprendido de que un monstruo le hablara de manera tan amable, le explicó que se había perdido en el bosque y no sabía cómo volver a casa.

Sin dudarlo ni un instante, Fluffy abrazó al conejito y le dijo: «No te preocupes, amigo, yo te ayudaré a encontrar el camino de regreso a casa.» Con el cálido abrazo de Fluffy, el conejito se sintió reconfortado y juntos emprendieron el camino de regreso.

Después de un rato caminando, el conejito vio a lo lejos su madriguera y saltó de alegría. Se despidió agradecido de Fluffy, quien se sentía feliz de haber ayudado a su nuevo amigo.

Desde ese día, la noticia del amable monstruo que ayudó al conejito se extendió por todo el bosque y la gente empezó a ver a Fluffy con otros ojos. Ya no le temían, al contrario, ahora lo buscaban para recibir uno de sus reconfortantes abrazos.

Fluffy había demostrado que no hay que juzgar a alguien por su apariencia, que la verdadera bondad está en el corazón. Y así, se convirtió en el monstruo más querido del bosque, donde todos le apodaban cariñosamente como «Fluffy, el monstruo que coleccionaba abrazos».


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