Érase una vez en un pequeño pueblo encantado, vivía Marta, una niña curiosa y valiente que soñaba con volar como los pájaros. Un día, mientras paseaba por el bosque, encontró una mochila mágica en la que brillaban colores del arcoíris.
Al abrir la mochila, una suave brisa envolvió a Marta y, de repente, ¡la mochila comenzó a elevarse por los aires con ella dentro! Marta estaba emocionada y un poco asustada, pero pronto se dio cuenta de que su deseo de volar se estaba haciendo realidad.
Al cabo de un rato, la mochila aterrizó suavemente en un prado verde cerca de un lago cristalino. Marta salió de la mochila y vio a una familia de pájaros cantando alegremente en un árbol. Se acercó a ellos y les preguntó cómo podía aprender a volar.
Los pájaros, sorprendidos por la valentía de Marta, le explicaron que para volar necesitaba creer en sí misma y en la magia que la rodeaba. Le enseñaron a extender los brazos, cerrar los ojos y dejar que el viento la guiara.
Marta siguió los consejos de los pájaros y, poco a poco, sintió cómo se elevaba en el aire. ¡Estaba volando! La emoción y la alegría de cumplir su sueño llenaron su corazón de felicidad.
De repente, Marta recordó que debía regresar a casa antes de que anocheciera. Agradeció a los pájaros por su ayuda y se despidió de ellos con una promesa de volver a visitarlos pronto. Guardó la mochila mágica en su espalda y emprendió el viaje de vuelta.
Por desgracia, en el camino de regreso, un fuerte viento comenzó a soplar y Marta perdió el equilibrio. La mochila mágica salió despedida de su espalda y cayó en un barranco inaccesible. Marta estaba desesperada, sin su mochila no podría volver a volar.
Triste y preocupada, Marta recordó las palabras de los pájaros y decidió no rendirse. Buscó una solución al problema y vio un puente colgante sobre el barranco. Sabía que debía recuperar la mochila para volver a casa.
Con valentía, Marta cruzó el puente tembloroso y llegó al otro lado del barranco donde vio la mochila mágica atrapada entre las ramas de un árbol. Sin pensarlo dos veces, trepó por el árbol y rescató la mochila.
Una vez con la mochila en sus manos, Marta se sintió fuerte y decidida. Se puso la mochila en la espalda, extendió los brazos y, con un salto valiente, despegó hacia el cielo.
Los pájaros la vieron volar y la acompañaron en su travesía de regreso a casa. Marta había demostrado que con valentía, determinación y un poco de magia, cualquier sueño puede hacerse realidad.
Y así, Marta regresó a su pueblo como una verdadera heroína, con la mochila que hacía volar y el corazón lleno de aventuras por vivir.
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