El examen donde había que salvar dragones

Érase una vez en un lejano reino, un valiente pequeño llamado Mateo. Mateo vivía en un pueblo donde todos los niños tenían que pasar un examen muy especial cuando cumplían 7 años. Este examen consistía en salvar a un temible dragón que vivía en lo alto de una montaña. Los niños debían demostrar su valentía y astucia para lograrlo.

El día del examen, Mateo se preparó con mucha ilusión. Caminó hacia la montaña, donde le esperaba el dragón. El gran monstruo escupió fuego y rugió con todas sus fuerzas. Mateo, sin embargo, se mantuvo firme y le dijo al dragón:

-¡Señor dragón, vengo en son de paz! No quiero hacerles daño, solo quiero demostrar que soy valiente y digno de completar mi examen.

El dragón, sorprendido por la valentía de Mateo, decidió ponerle a prueba. Le explicó que para salvarle debía encontrar tres objetos mágicos escondidos en la montaña: una pluma de ave fénix, una gema de luz y una flor eterna. Mateo aceptó el desafío y se adentró en la montaña.

En su camino, Mateo se encontró con varios obstáculos. Primero, una serpiente venenosa bloqueaba su paso. Mateo recordó las enseñanzas de su abuelo y le dijo a la serpiente con amabilidad:

-Señora serpiente, entiendo que estés asustada. Pero yo debo pasar para completar mi examen. ¿Puedes ayudarme?

La serpiente, impresionada por la amabilidad de Mateo, se apartó y le permitió el paso. Agradecido, Mateo siguió su camino hasta encontrar el primer objeto: la pluma de ave fénix.

Luego, se topó con un lago lleno de criaturas mágicas que le retaron a una carrera acuática. Mateo, sabiendo que no era un gran nadador, decidió usar su astucia en lugar de la fuerza. Les propuso un desafío de acertijos y, con ingenio, logró vencerles. Así obtuvo la segunda joya: la gema de luz.

Por último, al llegar a la cima de la montaña, encontró la flor eterna custodiada por un golem de roca. El golem, imponente y poderoso, bloqueaba el acceso a la flor. Mateo sabía que no podía vencerlo en fuerza bruta, así que decidió apelar a su corazón. Le habló al golem con sinceridad y le contó sobre su deseo de completar el examen para hacer feliz a su familia y demostrar su valentía. Conmovido, el golem apartó la roca que custodiaba la flor eterna y se la entregó a Mateo.

Regresó al dragón con los tres objetos en mano. El dragón, impresionado por la valentía, amabilidad y astucia de Mateo, le dijo con voz solemnne:

-¡Pequeño Mateo, has demostrado ser digno de salvarme! No solo has superado los desafíos, sino que lo has hecho con nobleza y corazón. Te entrego mi gratitud y mi amistad.

El dragón desapareció en una nube de humo, revelando en su lugar un hermoso cristal que brillaba con luz propia. Mateo lo tomó y supo en su corazón que su examen estaba completado. Con él regresó al pueblo, donde fue recibido como un héroe.


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