En lo alto de la colina polvorienta vivía un gigante muy especial. No era como los gigantes que suelen asustar a la gente, este gigante estaba hecho de polvo de estrellas y su corazón brillaba como el resplandor de la luna llena.
Al gigante le encantaba contar historias, cada noche se sentaba en una roca y desde allí narraba cuentos maravillosos a todos los habitantes del pueblo. Niños y niñas corrían hacia la colina para escuchar sus relatos mágicos y dejarse llevar por la imaginación.
Pero un día, el pozo de los deseos se secó y el agua comenzó a escasear en el pueblo. La gente estaba preocupada y triste, ya que sin agua no podrían beber, cocinar ni regar sus cultivos. El gigante, al enterarse de la situación, decidió ayudar.
– ¿Qué sucede, amigos? veo preocupación en sus rostros – dijo el gigante con su voz poderosa pero amable.
– El pozo de los deseos se ha secado, no sabemos qué hacer sin agua – contestó Ana, una niña del pueblo con el ceño fruncido.
El gigante reflexionó unos momentos y luego alzó la mirada hacia el cielo estrellado.
– Tengo una idea, pero necesitaré la ayuda de todos ustedes – dijo el gigante con una sonrisa.
Entonces, el gigante explicó su plan: debían traerle sacos llenos de polvo de estrellas de diferentes colores. Con ese polvo, él crearía una mágica lluvia de colores que haría brotar de nuevo el agua en el pozo de los deseos.
Los niños y niñas corrieron emocionados a recoger el polvo de estrellas, cada uno con un saco de un color distinto. Pronto tuvieron suficiente polvo y regresaron junto al gigante.
El gigante tomó los sacos y los esparció por el cielo con un gesto majestuoso. Pronto, una lluvia de brillantes colores comenzó a caer sobre el pozo de los deseos. Los vecinos y vecinas del pueblo miraban maravillados cómo el agua volvía a brotar, ahora cristalina y pura.
– ¡Lo logramos! – exclamaron los niños y niñas emocionados.
El gigante sonrió satisfecho y se despidió con un último cuento antes de desaparecer en la colina:
– Que la magia de las historias y la solidaridad siempre iluminen sus vidas, queridos amigos.
Desde entonces, el gigante de polvo que contaba historias se convirtió en el guardián de la colina, donde cada noche seguía deleitando a todos con sus cuentos llenos de aventuras y enseñanzas. Y el pueblo, agradecido, nunca olvidó la lección de aquella mágica lluvia de colores que les recordaba que juntos, todo es posible.
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