Erase una vez en un pequeño pueblo encantado, vivía un joven aprendiz de mago llamado Lucas. Lucas tenía un laboratorio secreto donde creaba todo tipo de pociones mágicas, pero su mayor sueño era inventar una poción invisible.
Una fría mañana de otoño, Lucas se despertó con una idea brillante en la mente. Decidió que ese día sería el día en que finalmente crearía su ansiada poción invisible. Corrió a su laboratorio, reunió todos los ingredientes necesarios y comenzó a trabajar en su experimento.
Después de horas de mezclar y hervir ingredientes, la poción invisible finalmente estaba lista. Lucas estaba emocionado, pero también un poco nervioso. ¿Se volvería invisible al beberla? Decidió probarla él mismo, y con un sorbo valiente, la poción desapareció en su lengua.
Por un momento, nada parecía pasar. Lucas se miraba las manos, los pies, pero seguía viéndose a sí mismo. Decepcionado, se preguntaba si su poción había fallado, cuando de repente escuchó una risa traviesa a su alrededor.
Se giró y vio a su gato, Pelusa, correteando por la habitación. ¡Pelusa se había vuelto invisible! Lucas se echó a reír y exclamó: ‘¡Lo he conseguido, he creado una poción invisible! Pero, ¿cómo haré visible de nuevo a Pelusa?’
Se puso a pensar y recordó haber leído sobre un antiguo amuleto mágico que hacía visible lo invisible. Decidió salir en busca de ese amuleto y recorrió bosques, colinas y ríos hasta llegar a la cueva de la sabia bruja Margarita.
‘Oh joven Lucas, veo en tus ojos que has descubierto el poder de la invisibilidad’, dijo la bruja. Lucas le contó todo lo sucedido y la sabia Margarita le entregó el amuleto mágico. ‘Para que funcione, debes recitar este hechizo: Visibilus Revelus mientras tocas a la criatura invisible con el amuleto’, explicó la bruja.
Lucas agradeció a la bruja y regresó a su laboratorio. Buscó a Pelusa y, siguiendo las instrucciones, recitó el hechizo mientras tocaba al gato con el amuleto mágico. De repente, Pelusa comenzó a aparecer lentamente, primero sus patas, luego su cola y finalmente todo su cuerpo.
‘¡Lo logramos, Pelusa, eres visible de nuevo!’, exclamó Lucas emocionado. Pelusa ronroneó y frotó su cabeza contra la pierna de Lucas en agradecimiento.
Desde ese día, Lucas guardó el amuleto mágico y la poción invisible en un lugar seguro en su laboratorio. Aprendió que la magia debe ser utilizada con responsabilidad y siempre con un propósito bueno y noble.
Y así, el joven aprendiz de mago y su gato se convirtieron en héroes del pueblo, utilizando sus dones mágicos para ayudar a quienes lo necesitaban y vivieron aventuras increíbles juntos para siempre.
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