Érase una vez en una granja muy lejana, una oveja llamada Lola que le encantaba resolver misterios. Siempre estaba investigando en busca de pistas y nunca se daba por vencida.
Un día, en la granja, todos los animales se dieron cuenta de que faltaba la preciosa pata de la señora Pata. Todos estaban muy preocupados, pero Lola dijo valientemente: ‘No os preocupéis, ¡yo resolveré este misterio!’
Comenzó mirando alrededor de la granja en busca de pistas. Primero, encontró unas extrañas huellas que la llevaron al estanque. Allí, vio un trozo de tela azul atrapado en una rama.
Decidió ir a preguntar a Don Cerdo, quien siempre estaba revolcándose en el barro cerca del estanque. ‘Don Cerdo, ¿sabes algo sobre la pata desaparecida de la señora Pata?’. Don Cerdo gruñó y dijo: ‘Yo estaba dormido, no vi nada’. Pero Lola notó que tenía un trozo de tela azul en una de sus patas. ¡Era una pista!
Con esa nueva pista en mente, Lola se acercó a la señora Gallina, quien siempre estaba al tanto de todo lo que sucedía en la granja. ‘Señora Gallina, ¿has visto algo sospechoso cerca del estanque hoy?’. La señora Gallina picoteó el suelo nerviosamente y dijo: ‘Vi a Don Cerdo cerca del estanque, justo antes de que desapareciera la pata’. Otra pista importante para resolver el misterio.
Con todas las pistas recopiladas, Lola se dio cuenta de que Don Cerdo había tomado la pata de la señora Pata como una broma. Fue a su encuentro y le dijo con valentía: ‘Don Cerdo, he descubierto tu travesura. Devuélvele la pata a la señora Pata de inmediato’. Don Cerdo se puso nervioso y finalmente confesó. Devolvió la pata y se disculpó por su travesura.
¡La granja entera celebró la valentía y astucia de Lola, la oveja detective! A partir de ese día, todos los animales sabían que podían contar con Lola para resolver cualquier misterio que se presentara en la granja.
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