El hechicero y las puertas que nunca cierran

Érase una vez en un lejano reino, un hechicero muy bueno y sabio que vivía en lo alto de una montaña. Este hechicero tenía un poder especial: podía abrir cualquier puerta con tan solo un susurro mágico.

Un día, el hechicero descubrió que en su reino había unas puertas encantadas que no se cerraban nunca. Esto causaba mucha preocupación entre los habitantes, ya que cualquiera podía entrar o salir sin control.

Decidido a resolver este problema, el hechicero partió en búsqueda de las puertas que nunca cerraban. Después de mucho caminar, finalmente las encontró en lo más profundo del bosque encantado.

Al acercarse, el hechicero vio a un duende travieso jugando alrededor de las puertas. ‘¡Hey, duende! ¿Por qué estas puertas nunca se cierran?’ preguntó el hechicero con curiosidad.

El duende, al ver al hechicero, se puso nervioso y confesó: ‘Lo siento, hechicero. Yo las he encantado sin querer y no sé cómo hacer que vuelvan a cerrarse’.

El hechicero, con calma y paciencia, le dijo al duende: ‘No te preocupes, todo tiene solución en la magia. Necesitaremos trabajar juntos para cerrar estas puertas’.

El hechicero y el duende se pusieron manos a la obra. Primero intentaron con un conjuro poderoso, pero las puertas seguían sin cerrarse. Luego probaron con una poción mágica, pero tampoco funcionó. Parecía que nada estaba dando resultado.

De repente, el hechicero tuvo una idea brillante. Creó un nuevo conjuro que combinaba la fuerza del duende con la sabiduría del hechicero. ‘¡Juntos somos más poderosos!’ exclamó el hechicero.

El hechicero y el duende recitaron el conjuro al unísono mientras tocaban las puertas encantadas. Una luz brillante rodeó las puertas y poco a poco empezaron a cerrarse lentamente.

Los habitantes del reino, que habían seguido la historia con interés, aplaudieron emocionados al ver que las puertas encantadas finalmente se cerraban.

El hechicero, satisfecho por haber resuelto el problema, le dio las gracias al duende por su ayuda. ‘Nunca subestimes el poder de la colaboración y la amistad en la magia’, le dijo con una sonrisa.

Desde ese día, las puertas encantadas se mantuvieron cerradas y el hechicero y el duende se convirtieron en grandes amigos, compartiendo nuevas aventuras y hechizos juntos.


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