Érase una vez en un lejano reino un valiente niño llamado Pablo. Todas las noches, Pablo tenía terribles pesadillas causadas por el malvado Rey de las Pesadillas. Este Rey malvado se alimentaba del miedo de los niños mientras dormían, y nadie había sido capaz de detenerlo.
Una noche, hartos de las pesadillas, Pablo decidió armarse de valor y enfrentarse al Rey de las Pesadillas. Se adentró en el bosque oscuro donde habitaba el Rey y, tras pasar por innumerables pruebas y desafíos, llegó a su castillo.
El Rey de las Pesadillas, al ver a Pablo, soltó una carcajada malévola. ‘¿Crees que puedes derrotarme, niño? Soy el Rey de las Pesadillas, y nadie ha sido capaz de vencerme nunca’, dijo con voz siniestra.
‘Sí, sé que eres muy poderoso, pero no puedes seguir asustando a los niños todas las noches. Debes detenerte’, respondió valientemente Pablo.
El Rey de las Pesadillas se echó a reír de nuevo. ‘¡Nunca podrás derrotarme, soy invencible!’, gritó.
Entonces, Pablo tuvo una idea. Sacó de su bolsillo un cascabel de plata y comenzó a hacerlo sonar. El sonido del cascabel resonó en todo el castillo y el Rey de las Pesadillas comenzó a retorcerse de dolor.
‘¡Para, para por favor! Ese sonido me debilita’, gritó el Rey.
Pablo siguió haciendo sonar el cascabel con determinación, hasta que el Rey de las Pesadillas cayó de rodillas y finalmente desapareció en una nube de humo negro.
Los niños de todo el reino despertaron esa noche sin miedo, y desde entonces jamás volvieron a tener pesadillas. Pablo se convirtió en un héroe y fue aclamado por todos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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