Había una vez, en un pequeño pueblo, una niña llamada Marta. Marta era valiente y curiosa, le encantaba investigar y descubrir cosas nuevas. Pero Marta tenía un problema, todas las noches, cuando llegaba la hora de dormir, sentía miedo. Un miedo que le hacía pensar que debajo de su cama vivía un dragón.
El dragón de Marta no era un dragón común, era pequeño y amistoso, pero Marta no lo sabía. Todas las noches, el dragón soplaba fuego y hacía ruidos extraños, asustando a Marta. Un día, decidida a vencer su miedo, Marta decidió enfrentarse al dragón.
Con valentía, Marta se arrodilló al lado de su cama y le habló al dragón:
– ¿Por qué me asustas todas las noches? -preguntó Marta con voz temblorosa.
El dragón, sorprendido, dejó de soplar fuego y miró a Marta con sus grandes ojos amarillos.
– No quiero asustarte, Marta. Solo quiero ser tu amigo -respondió el dragón con su voz suave y profunda.
Marta, aunque aún nerviosa, decidió darle una oportunidad al dragón. A medida que pasaban los días, Marta y el dragón se volvieron inseparables. El dragón le contaba historias increíbles de sus viajes por tierras lejanas y juntos vivían aventuras en sueños.
Una noche, cuando un fuerte trueno hizo temblar la casa, Marta ya no tuvo miedo. El dragón, que solía asustarse con los ruidos, se escondió debajo de la cama.
– Tranquilo, amigo dragón. No temas, estaré a tu lado -dijo Marta con cariño, extendiendo la mano para acariciar al pequeño dragón.
Desde ese día, el dragón ya no vivía bajo la cama de Marta, se había convertido en su fiel compañero. Juntos, sin miedo, exploraban el mundo y vivían increíbles aventuras que quedaban guardadas en el corazón de Marta para siempre.
Y colorín colorado, este cuento del dragón y Marta se ha acabado.
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